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Cinco destinos en Argentina perfectos para visitar con el teléfono apagado

En Argentina abundan lugares en donde el registro tecnológico pasa a segundo plano. El motivo es muy sencillo: paisajes alucinantes que, sin mucho esfuerzo, invitan a olvidarse de las redes sociales y fundirse con la naturaleza.

Dicen que nada mejor que conectarse con el presente: respirar profundo, poner en pausa el piloto automático y hacer consciente lo que nos rodea. Pero el ritmo diario, las tendencias, el Internet y la forma de comunicarse en el 2021 dificultan cumplir con la premisa. Estímulos tecnológicos sobran y las redes sociales inundan las pantallas de los celulares, proponiendo un juego de abstracción absoluto de la realidad. Entonces, ¿Cómo reconectar con todo lo que sucede por fuera del dispositivo de turno? Argentina tiene algunas de las respuestas al dilema actual.

Porque cuando la tecnología falla, la Madre Tierra apremia. Y si hay alguien que sabe sobre eso, es el país del Fin del Mundo. Ahí radica la solución mágica: el entorno cautiva tu atención al punto de no necesitar – ni querer – usar el teléfono. Nada iguala el acelere del corazón cuando se respira aire puro en plena selva, se escucha el correr del agua de una cascada o se entrecierran los ojos con el reflejo del sol en masas de hielo. Experiencias en las cuales Argentina tiene diploma de honor; desenchufarse nunca fue tan fácil en suelo albiceleste y estos destinos refuerzan la hipótesis:

 

Cataratas del Iguazú, Misiones

Un cuadro natural sin precedentes que reúne los condimentos necesarios para poner el foco en el imperdible turístico que buscan viajeros de todo el globo: los más de 275 saltos de agua que forman parte del Parque Nacional Iguazú. Pinceladas celestes y verdes decoran la escenografía de una de las siete maravillas del mundo y abren paso a un lugar de ensueño que llama a la inspiración y la reflexión.

Caminar las 67 hectáreas habilitadas al público dentro del parque y detenerse a contemplar el paisaje desde sus miradores es la actividad favorita de quienes buscan una experiencia inmersiva en la naturaleza. La Garganta del Diablo es la parada obligatoria, que con sus 82 metros de altura refleja la fuerza del agua al caer, poniéndole la piel de gallina a los miles de espectadores que la visitan a diario.

Cualquier momento del día es perfecto para dejarse sorprender pero, si la idea es redoblar la apuesta, nada como ver la luna llena con el ruido del correr del agua de fondo. Una vivencia de otro planeta que puede tacharse de la lista si se pisa territorio argentino.

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Purmamarca, Jujuy

Una paleta de colores envidiable. Gastronomía de lujo. Cultura local cálida y una energía que solo se vibra en Jujuy. Todo eso en un mismo lugar: demás está decir que nadie necesita un celular para disfrutar de este destino icónico. Su nombre proviene de la lengua aimara y significa “ciudad del desierto”, aunque la acepción de esta última palabra también está vinculada al concepto de tierra nunca antes pisada. ¿La traducción final? “Pueblo de la Tierra virgen”.

Purmamarca es sede de una de las montañas más pintorescas del país: el cerro de los siete colores. Naranjas, amarillos, rojos, rosas, blancos y verdes se combinan para dar lugar a la postal de 2400 metros de altura que todos quieren guardarse del NOA. Pero las tonalidades no solo se dejan ver en las elevaciones naturales. Este pueblo se viste de los pigmentos más llamativos a raíz de su tradición artesana, que decora cada calle y puesto con vestimentas, gorros, mantas y souvenires.

 

Villa Traful, Neuquén

Por supuesto que los encantos patagónicos entran cómodamente en el podio. Porque si hay algo que habilita el sur es la completa y absoluta desconexión. Lagos, picos nevados, bosques autóctonos y – por qué no – alguna que otra pinta de cerveza artesanal. El plan conduce, lentamente, a ingresar en un mundo paralelo salido de un cuento. Y Villa Traful es uno de los grandes secretos de la aventura neuquina.

Las actividades varían según el nivel de adrenalina solicitado: desde trekking, pasando por andinismo, mountain bike, cabalgatas, kayak y caminatas por sus espejos de agua. Las vistas deslumbran en cada punto estratégico, así que no faltarán rincones para respirar el aire puro característico de la región. ¿Qué visitar sí o sí? El Mirador del Viento, el bosque sumergido, la cascada Catarata y el Lago Traful.

 

El Bolsón, Río Negro

La mítica ruta 40 se une al itinerario y atraviesa la localidad de El Bolsón, cerquita de la Cordillera de los Andes y perfecta para empaparse del entorno patagónico. El circuito turístico propone un trayecto que supera todas las expectativas: ferias de artesanos en el centro, caminatas entre bosques, ríos y lagos y panorámicas alucinantes desde las alturas.

A 120 kilómetros de Bariloche, despliega un sinfín de alternativas para absorber la energía patagónica y despegarse de las pantallas. No es casualidad que uno de sus grandes imperdibles se llame “el Paraíso”, un pozón de un profundo turquesa en el Río Azul. El paisaje es insuperable: bosques verdes rodean una franja celeste con rocas y el nombre no podría haber sido mejor elegido. Otros lugares que valen la pena son el Cerro Amigo, el Mirador Cabeza del Indio y Del Azul, la Cascada Escondida y el Cerro Piltriquitrón.

 

Glaciar Perito Moreno, Santa Cruz

Un turquesa profundo que emociona y le da color a una de las maravillas naturales más preciadas del país: el Parque Nacional Los Glaciares, un área protegida declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981. Y motivos sobran para semejante reconocimiento: más de 486.308 personas visitan anualmente los campos de hielo que forman parte del imperdible. De la superficie total (2600 kilómetros cuadrados), el 30% está tomado por glaciares. Demás está decir que abundan las alternativas para navegar el Lago Argentino y pautar un encuentro en primera persona con las masas milenarias.

El glaciar que ganó fama en todo el mundo es el Perito Moreno, de 5km de longitud y 60 metros de alto. Impactante se queda corto. Sus históricos desprendimientos llaman la atención de aficionados del hielo y la naturaleza, y vos también podés presenciarlos si el pasaje final señala Santa Cruz.

Fuente: Argentina Travel

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